lunes, 10 de septiembre de 2012

Sueños III


28/09/2010                                                                                                                           13:30 pm

Una tarde de esas, en las que parece que todo en un lugar está completamente desolado, y sientes que tu suspiro hace eco a lo lejos. La ciudad se encuentra vacía, tú eres el único que se encuentra a mitad de una larga y maltratada avenida, miras a tu alrededor pero lo único que observas son autos abandonados mal estacionados, al igual que establecimientos, ventanas de los edificios abriendo y cerrando por el enérgico soplo del viento, rayos de sol mortalmente abrasadores, y plantas alredor en las que crees que algo se esconde, lo peor es, que de lo que temes no son solo simples humanos sino seres deformes que quieren dañar tu integridad física y mental, te quieren corroer, martirizar, extirpar tu misma esencia, que creías muchos años atrás ya no poseías, pero en ese momento, es lo único que posees, salvarlo o no depende de cuanto te aferres a ella…
Una gran tormenta de polvo invade el sitio, no tratas de esconderte, pues recuerdas que no tienes la más mínima idea de porqué demonios te encuentras en ese detestable lugar, quieres encontrar a alguien más para compartir tu vulnerabilidad, ves a tu alrededor por quinta vez y huyes al contrario de la ventisca, entras a lo que solía ser un restaurante, de esos de cuatro estrellas, donde esperas a que alguien te atienda con elegancia y respeto, el lugar… es una porqueriza, con una peste que solo logras encontrar en una fosa común de siglos atrás, pero da igual esa también era una fosa común, con cuerpos desmembrados, levantas la cabeza y observas que hay cientos,  casi lograste sentirte uno de ellos con tanta inmundicia que llenó todos tus sentidos, no lo toleraste más, simplemente vomitaste, no solo por ver todos esos cadáveres funestos, sino porque imaginaste que tipo de monstruo pudo ocasionar tal tragedia, a adultos, ancianos, infantes, tus lagrimas comenzaron a brotar, comenzaste a ver borroso y a quejarte, una voz interna te dijo que te calmaras y salieras de ahí porque no querías tener el mismo destino que esos desdichados, te levantaste tembloroso y sudado, muy nervioso tocaste la manija de la puerta con un miedo pegado a la espalda porque no querías que al voltear de nuevo te encontraras con la abominación que ocasionó ese desastre infernal. Saliste del edificio lo más rápido que tu mente te lo permitía, afuera volteaste rápidamente y solo viste una sombra amorfa que se desplazaba sigilosamente y se perdía en la penumbra del establecimiento, te apartaste presurosamente y huiste sin rumbo fijo la ventisca había terminado y tu habías despertado en los cálidos brazos de tu hijo, que al incorporarte notaste que no solamente dormía, sino que soñaba y se encontraba feliz ya lejos de ti y tu maldad que te carcomía sin darte cuenta, miraste a tu alrededor y tu esposa e hija también yacían inertes en el otro sofá, te preguntaste quien les había hecho tal atrocidad, te levantaste y fuiste directo al  baño, levantaste tu rostro y te miraste al espejo, tu sorpresa fue tal que comenzaste a sufrir por dentro pero tu rostro no reflejaba más que una enorme sonrisa por la mera satisfacción de tus actos cometidos, te diste cuenta que el que reflejaba ese espejo no eras tu, era una abominación que nunca debió venir a este mundo, la abominación que destruyó a tu familia, tu vida, y lo único que te quedaba, tu esencia…

۩ Apocripha/6 ۩


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