28/09/2010 13:30 pm
Una tarde de esas, en las que
parece que todo en un lugar está completamente desolado, y sientes que tu
suspiro hace eco a lo lejos. La ciudad se encuentra vacía, tú eres el único que
se encuentra a mitad de una larga y maltratada avenida, miras a tu alrededor
pero lo único que observas son autos abandonados mal estacionados, al igual que
establecimientos, ventanas de los edificios abriendo y cerrando por el enérgico
soplo del viento, rayos de sol mortalmente abrasadores, y plantas alredor en
las que crees que algo se esconde, lo peor es, que de lo que temes no son solo
simples humanos sino seres deformes que quieren dañar tu integridad física y
mental, te quieren corroer, martirizar, extirpar tu misma esencia, que creías
muchos años atrás ya no poseías, pero en ese momento, es lo único que posees,
salvarlo o no depende de cuanto te aferres a ella…
Una gran tormenta de polvo
invade el sitio, no tratas de esconderte, pues recuerdas que no tienes la más
mínima idea de porqué demonios te encuentras en ese detestable lugar, quieres
encontrar a alguien más para compartir tu vulnerabilidad, ves a tu alrededor
por quinta vez y huyes al contrario de la ventisca, entras a lo que solía ser
un restaurante, de esos de cuatro estrellas, donde esperas a que alguien te
atienda con elegancia y respeto, el lugar… es una porqueriza, con una peste que
solo logras encontrar en una fosa común de siglos atrás, pero da igual esa
también era una fosa común, con cuerpos desmembrados, levantas la cabeza y
observas que hay cientos, casi lograste
sentirte uno de ellos con tanta inmundicia que llenó todos tus sentidos, no lo
toleraste más, simplemente vomitaste, no solo por ver todos esos cadáveres
funestos, sino porque imaginaste que tipo de monstruo pudo ocasionar tal
tragedia, a adultos, ancianos, infantes, tus lagrimas comenzaron a brotar,
comenzaste a ver borroso y a quejarte, una voz interna te dijo que te calmaras
y salieras de ahí porque no querías tener el mismo destino que esos desdichados,
te levantaste tembloroso y sudado, muy nervioso tocaste la manija de la puerta
con un miedo pegado a la espalda porque no querías que al voltear de nuevo te
encontraras con la abominación que ocasionó ese desastre infernal. Saliste del
edificio lo más rápido que tu mente te lo permitía, afuera volteaste
rápidamente y solo viste una sombra amorfa que se desplazaba sigilosamente y se
perdía en la penumbra del establecimiento, te apartaste presurosamente y huiste
sin rumbo fijo la ventisca había terminado y tu habías despertado en los
cálidos brazos de tu hijo, que al incorporarte notaste que no solamente dormía,
sino que soñaba y se encontraba feliz ya lejos de ti y tu maldad que te
carcomía sin darte cuenta, miraste a tu alrededor y tu esposa e hija también
yacían inertes en el otro sofá, te preguntaste quien les había hecho tal
atrocidad, te levantaste y fuiste directo al
baño, levantaste tu rostro y te miraste al espejo, tu sorpresa fue tal
que comenzaste a sufrir por dentro pero tu rostro no reflejaba más que una
enorme sonrisa por la mera satisfacción de tus actos cometidos, te diste cuenta
que el que reflejaba ese espejo no eras tu, era una abominación que nunca debió
venir a este mundo, la abominación que destruyó a tu familia, tu vida, y lo
único que te quedaba, tu esencia…
†۩ Apocripha/6 ۩†

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